¿Por qué no recordamos nada antes de los 3 años?

Podemos afirmar con casi total seguridad que alguna vez os habéis cuestionado por qué al ver una foto de cuando teníais 2 o 3 años no conseguíais recordar el momento exacto de vuestra vida en el que ocurrió esa escena. Os preguntaréis, ¿A qué se debe este fenómeno? ¿Qué misterio entraña el cerebro del bebé que se encuentra aún en desarrollo? La Ciencia tiene un nombre para definir este proceso mental: “amnesia infantil”, nombre acuñado originalmente por el padre de la psicoterapia, Sigmund Freud, hace más de 100 años.


La amnesia infantil se define como la incapacidad para recordar los fenómenos y situaciones que ocurrieron en nuestra primera infancia, a un nivel autobiográfico. Según West et al. (1999) y Fivush (1987), este tipo de amnesia la experimentamos (o tomamos conciencia de ella) cuando ya somos adultos. Se ha demostrado que los bebés tienen capacidad para generar recuerdos pero, sin embargo, los olvidan rápidamente. ¿Por qué creéis que ocurre esto? A pesar de que actualmente no haya un consenso sobre las causas exactas del porque se produce la amnesia infantil, existen varias hipótesis que intentan, en mayor o menor medida, explicar este fenómeno. En este post hablaremos de las más conocidas y con mayor respaldo científico.


-HIPÓTESIS NEUROLÓGICA
Esta teoría afirma que el motivo de esta situación se debe en gran parte a causas de origen biológico. Entre los 2 y 4 años de edad, los niños carecen de lo que se denomina como “memoria episódica”, que compone los recuerdos de eventos específicos de nuestra vida almacenados en el hipocampo del cerebro.
Esto se debe a que nuestra producción de neuronas es muy elevada cuando somos pequeños. El cerebro de una persona que acaba de nacer cuenta con tan solo una capacidad del 25% de lo que llegará a ser en la edad adulta. Durante los 3 primeros años de vida, el crecimiento del cerebro es muy avanzado, tanto que a esa edad el cerebro ya ha doblado su tamaño. Su crecimiento sigue siendo muy rápido hasta los 5 años de edad, momento en el que cual la velocidad empieza a disminuir hasta la adolescencia, cuando deja de crecer (pese a que sigue madurando). “El cerebro se está desarrollando increíblemente rápido. En el primer par de años de vida estamos creando tantas conexiones nuevas que el cerebro de un bebé de un año tiene más conexiones que en cualquier otro momento en su vida”, explica Catherine Loveday. A este proceso se le conoce como “neurogénesis”, y puede producir la perdida de recuerdos a edades tempranas.
Para tratar de explicar este fenómeno de olvido, los científicos Paul Frankland y Sheena Josselyn realizaron un estudio con ratones jóvenes y con ratones viejos, observando qué sucedía cuando aumentaban o detenían la generación de nuevas neuronas en el hipocampo, que es la zona relacionada con el aprendizaje y con los recuerdos.
Primero detuvieron la producción de nuevas neuronas en los ratones jóvenes, produciéndose en ellos una mayor capacidad para almacenar los recuerdos. Entonces cogieron a los ratones viejos, los que por edad podrían tener más dificultad para generar nuevas neuronas, y aumentaron la neurogénesis. El efecto fue que tuvieron una menor capacidad para recordar.
En palabras de Frackland: “Creemos que nuestro nuevo estudio empieza a explicar por qué no tenemos memoria de esos primeros años. Antes de los cuatro o cinco años tenemos un hipocampo muy dinámico que no puede almacenar información de forma estable.”
Por tanto, las conclusiones de la investigación fueron en los primeros años de edad de una persona tiene lugar una producción masiva de nuevas neuronas en el hipocampo. Esto provoca que, durante los 5 primeros años de edad la actividad cerebral en el hipocampo es muy alta y activa. Este dinamismo impide que los recuerdos puedan quedarse almacenados de una forma estable.


-HIPÓTESIS LINGUÍSTICA
Según esta teoría, la amnesia infantil aparecería por una falta de codificación adecuada debido a la ausencia o falta de desarrollo del lenguaje, que constituiría la estructura para organizar todo aquello que vivimos. Si falta el lenguaje, esta organización resulta más difícil y, por lo tanto, las vivencias son más difíciles de recordar. Llegados a este punto, te estarás preguntando si existe algún tipo ventaja de estos procesos de olvido de la memoria. La respuesta es que sí, y es que la llamada “amnesia infantil” es como un proceso de limpieza que efectúa el hipocampo, algo así como hacer espacio para poder almacenar las informaciones importantes de cara al futuro y minimizar las interferencias. Por lo tanto, se cree que el objetivo fundamental de los primeros dos años es adquirir conocimiento semántico, puesto que la memoria episódica, al menos en esta etapa, podría acabar convirtiéndose en una mera distracción.

En conclusión, la falta de recuerdos en los primeros años de vida se debe principalmente a la amnesia infantil. Este conjunto de factores impiden el almacenamiento a largo plazo de los primeros acontecimientos vitales, dejando un vacío en la memoria de la persona sobre sus primeros años de vida. 

¡Esperamos que os haya gustado!

Bibliografía:

Amnesia infantil y Memoria autobiográfica. Memoria y Representación. Universidad de Granada.

Por qué no me acuerdo de mi infancia. (2018). Psicología-online. https://www.psicologia-online.com/por-que-no-me-acuerdo-de-mi-infancia-3749.html

Por qué no me acuerdo de mi infancia. (2018). Psicología-online. https://www.psicologia-online.com/por-que-no-me-acuerdo-de-mi-infancia-3749.html

Cebria Bellver,V (1990) Amnesia Infantil: Un estudio. Temes D´Estudi.

Nonhuman primate models of hippocampal development and dysfunctionProc. Natl. Acad. Sci. USA December 26, 2019 116: 26210-26216

Hippocampal Neurogenesis Regulates Forgetting During Adulthood and InfancyScience May 9, 2014 344: 598-602

Memoria e identidad: «Somos lo que recordamos ser»

“Somos lo que recordamos ser”. Parece ficción, pero es así. Nuestra identidad nos hace saber quiénes somos, y sin ella no seríamos nadie.

Existen diferentes razonamientos de investigadores sobre la identidad, uno de los profesionales más destacados y que más ha indagado en este fenómeno es Eric Erickson, con su concepto de “difusión de la identidad”. De ese escrito vamos a rescatar una definición de la identidad:

“La identidad es ese sentido de continuidad en la experiencia de nosotros mismos, una continuidad histórica, generacional, nacional, étnica y subjetiva, que incluye valores, creencias y un sentido de pertenencia a algo supraindividual, a algo que está más allá de nosotros mismos trascendente o banal pero que en cualquier caso es una experiencia compleja que incluye a la memoria, a la autoimagen, a la vivencia del tiempo y a las emociones y valores, sobre todo a esa difícil síntesis entre el apego y a la autonomía personal”.

Así mismo, la memoria es, a grandes rasgos, la capacidad de recordar. Existen tres tipos de memorias: memoria sensorial, memoria a corto plazo y memoria a largo plazo. Nuestra identidad personal nace a partir de la  concepción de la memoria a largo plazo. Así pues, cuando esta se ve afectada, existen problemas de identidad personal, como por ejemplo sucede con las enfermedades neurodegenerativas.

La estrecha relación que manifiestan la memoria, en cuanto hecho de recordar, y la identidad, en cuanto conjunto de rasgos y circunstancias que definen y diferencian a una persona o a un grupo social, es un tema recurrente tanto en los escritos científicos como en la literatura contemporánea. 

Dicho esto, una variable importante de los procesos de identidad, y los que ayudan a abordar la complejidad del fenómeno es la memoria, ya que la identidad aparece justamente en el reconocimiento de uno mismo, en el devenir del tiempo (Mendoza, 2009).

Durante el tercer año de vida se desarrolla un tipo de memoria que es de vital importancia para la identidad,  y esta es la memoria episódica, que forma parte de la memoria a largo plazo. Esta habilidad consiste en el recuerdo de experiencias del pasado reciente como episodios específicos de su historia. Es verbal, se pueden decir y son memorias explícitas o conscientes. El niño se da cuenta de que está recordando incidentes específicos de su vida y no lo confunde con el presente. Dicho de otra manera, el niño es capaz de distinguir la realidad con la ficción; sabe que lo que ve en televisión no es la realidad, que los cuentos no son de verdad a pesar de que disfrute mucho viendo dibujos animados o oyendo al abuelo contándole cuentos de ensueño. Es capaz, pues, de trazar una línea divisoria entre su Yo real y lo que su Yo hace en los juegos y que no es real. Es por esto que, por ejemplo, el niño no pensaría que su vida es como la de los juegos o la televisión y no adoptaría “otra identidad”.

Más tarde, a los cinco años de vida, se desarrolla la memoria autobiográfica. Es episódica, altamente selectiva, duradera y frecuentemente remota. Provee el fundamento para el sentido personal de la identidad que hace posible que la gente diga “esta es mi vida, este soy yo”. Contribuye y es dependiente de la capacidad reflexiva, capacidad que hace posible “Esta soy yo”, “Déjame que te cuente de mí”, “esta es mi vida”. Y hace posible declarar: “Estos son mis pensamientos, mi memoria”, “Estas son mis reflexiones”, “Esta es mi historia”, “Esta es mi vida”. Con todas estas expresiones unidas, el niño formaría su verdadera identidad (que cambiará y evolucionará según vaya incorporando memorias, experiencias, etc).

En síntesis, la memoria es de vital importancia para el reconocimiento de la identidad en uno mismo y, por ende, los fallos en la memoria generan problemas de identidad, como las enfermedades de Alzheimer, Huntington o Párkinson, entre otras. También queremos destacar que la identidad se empieza a desarrollar sobre los 3 años de edad porque es cuando empezamos a recordar, ¡pero eso ya lo descubriréis en nuestro siguiente post!.

Bibliografía:

Cerdà, M.(2018). Somos lo que recordamos, y lo que recordamos es lo que imaginamos. Blog A MI MANERA.

De Zan, J. (2008). Memoria e identidad. Tópicos, (16)

Mestre Chust, J.V.(2016). Relación entre Memoria e Identidad personal. unprofesor.com 

Pazos, A.(2004). Tiempo, memoria e identidad personal. Disparidades. Revista de Antropología. 59(1), 189–202.

Traver Torras F. (2019). Memoria e identidad (I) neurociencia neurocultura. wordpress.com.
ZAMORA, Juliana López; MARROQUÍN, Lilian Paola Ovalle. Cartografía social: imagem, espacios, memoria e identidad PaÌpai. ClimaCom, Campinas, ano 4,  n. 10,   Dez.  2017.

EL EFECTO MANDELA

¿Sabías que podemos generar recuerdos que jamás han sido realidad? ¿Alguna vez has sentido que tu cerebro te engaña? Probablemente te haya pasado, y este fenómeno se conoce como el “efecto Mandela”.

Todos conocemos la historia de Nelson Mandela o, al menos, hemos oído de ella. La bloguera Fiona Broome fue la que descubrió y puso como nombre a este fenómeno “efecto Mandela” a través de la historia de este. Broome decidió acuñar con este nombre precisamente por el recuerdo desarrollado  de que Nelson Mandela había muerto en la cárcel. Sin embargo, a pesar de que gran parte de la sociedad afirmaba rotundamente que recordaba las imágenes de la muerte del líder sudafricano en la cárcel, lo cierto es que murió en 2013 en libertad. Por tanto, esas imágenes nunca existieron. Esta “memoria falsa” se asocia con la memoria colectiva, es decir,  son percepciones que recauda  nuestro cerebro,  en el momento las percibimos como reales, pero en realidad es una información adulterada. 

¿Por qué sucede esto? Para empezar, es importante saber que la ubicación física de la memoria está agregada por una red de neuronas que, en este caso, el cerebro archiva como recuerdos. La memoria es una habilidad cognitiva que se halla en nuestro cerebro, lo que hace que tenga un gran componente subjetivo. En el momento en el que generamos un recuerdo, activamos esa red de neuronas que transfieren una información en concreto a diferentes partes del cerebro, como son el hipocampo o el córtex prefrontal. Esto significa que el origen del recuerdo no está en la experiencia en sí, sino en el procesamiento mental de dicha experiencia.

No obstante, es un tema de investigación, expertos reconocen que el fenómeno es real y aclaran que nuestro cerebro es adaptativo y de naturaleza constructiva, por lo que tiende a administrar los recursos de manera eficiente. El proceso de información es diligente, por consiguiente, nuestro cerebro distribuye los datos donde no son, ocupa espacios que le faltan como si se tratara de un puzzle con la intención de encajar las piezas. 

Es preciso especificar que el “efecto Mandela” no es lo mismo que una memoria falsa, ya que damnifica a grupos grandes de personas figuradamente sin muchas conexiones y sin los mismos factores emocionales presentes. Del mismo modo, es opuesto a la criptomnesia (la existencia de recuerdos ocultos en la conciencia, Theodore Flournoy (1854 – 1921)), que se superpone a errores en las memorias sobre el origen o la fuente de algo.

Ahora os presentaremos varios ejemplos del efecto Mandela:

  • MICKEY MOUSE TIENE COLA: Al contrario de lo que mucha gente puede recordar, el simpático ratón de Disney sí tiene cola.

  • LA PUNTA DE LA COLA DE PIKACHU NO ES NEGRA

  • EL HOMBRE DEL MONOPOLY NO LLEVA MONÓCULO

LA VILLANA DE BLANCANIEVES NUNCA DICE “ESPEJITO ESPEJITO”, SINO “ESPEJO MÁGICO DE LA PARED”

BIBLIOGRAFÍA

¿Qué es el EFECTO MANDELA? – Definición y ejemplos REALES (psicoçlogia-online.com)

The Mandela Effect and New Memory | French | Correspondences (correspondencesjournal.com)

The Mandela Effect (Multimedia) | OSTI.GOV

El efecto Mandela y los falsos recuerdos compartidos | Letras Libres

¿Pueden las fake news crear falsos recuerdos en nuestra mente? El caso de Altsasu (ehu.es)

DROGAS Y MEMORIA

¿Has consumido alguna droga en tu vida? Puede que pienses que no, pero es casi seguro que sí. Una droga es todo fármaco o medicamento psicoactivo (modifica el comportamiento) que, introducido al organismo, tiene alta toxicidad y produce o genera dependencia o tolerancia, o ambos fenómenos, a la sustancia administrada. En este post, hablaremos principalmente del alcohol, la marihuana y las pastillas para dormir, ya que estas drogas afectan a la memoria.

El alcohol es la droga más consumida en España, el 75% de los españoles ha consumido alcohol en el último año y el 7,4% consume alcohol a diario. El 84% del alumnado de las edades estudiadas (6.711 niños de edades comprendidas entre los 11 y 18 años) manifiesta haber probado uno o varios tipos de bebidas alcohólicas. El 21% las consume regularmente (al menos una vez a la semana). El 46% del alumnado de 18 años consume bebidas alcohólicas regularmente y el 66% se ha embriagado una o más veces (Mendoza, 1994).

Actualmente, existen revisiones de literatura que han explorado los efectos que puede causar el consumo de alcohol a nivel cerebral, donde anatómicamente se destaca que el cerebro de individuos alcohólicos crónicos ha mostrado un alto grado de pérdida de neuronas del córtex prefrontal, de modo que el funcionamiento neuropsicológico resulta afectado, en particular las funciones ejecutivas, ya que se vinculan a esta área anatómica específica. 

En este sentido, se destacan alteraciones en la planeación estratégica, organización perceptual, razonamiento abstracto, atención y la organización de información en la memoria de trabajo. Cabe señalar que el consumo de alcohol en los menores de edad se asocia con mayores daños cerebrales con implicaciones en la memoria, el aprendizaje y el desarrollo intelectual en comparación con los adultos debido a que durante la adolescencia tardía el cerebro se encuentra aún en etapas de desarrollo. De este modo, el consumo de alcohol podría tener repercusiones en el desarrollo neurológico adolescente y, consecuentemente, en la salud y el funcionamiento cognitivo en la vida adulta.

La marihuana es una mezcla de hojas secas, flores, tallos y semillas del cáñamo, Cannabis sativa. La planta contiene una sustancia química que altera la mente llamada delta‐9‐tetrahydrocannabinol (THC) y otros compuestos relacionados a este. Esta droga tiene efectos en el cerebro a corto y largo plazo. Cabe añadir que el uso de la marihuana antes de los 18 años reduce hasta en 10 unidades el CI de manera irreversible (Holguín, 2017).

Los efectos a corto plazo de la marihuana son que, cuando el THC actúa en ciertos receptores de células en el cerebro, éstos reaccionan naturalmente a químicos que se parecen a la propia THC. Estos químicos naturales son parte del desarrollo y el funcionamiento normal del cerebro. La marihuana produce una reacción excesiva en las partes del cerebro que tienen estos receptores, y esta reacción es la que causa el sentirse “dopado” (Escohotado, 2006).

A largo plazo, cuando las personas empiezan a usar marihuana durante la adolescencia, la droga puede reducir las facultades mentales para pensar, memorizar y aprender.

Como dato, casi la quinta parte (18%) del alumnado de 13 a 18 años manifiesta haber probado algún tipo de droga no institucionalizada, mientras que el consumo actual se reduce al 8%. El cannabis es la droga que más alumnos han probado (18%) y la más consumida actualmente (8%), seguida por la cocaína y la heroína. Los chicos han probado drogas no institucionalizadas en mayor proporción que las chicas.

También hay muchos medicamentos que causan pérdidas de memoria, como son las pastillas para dormir, los antihistamínicos, antidepresivos, medicamentos para el colesterol, etc. En concreto, vamos a hablar de las pastillas para dormir. Estos medicamentos se recetan para tratar el insomnio y otros trastornos del sueño. También se pueden prescribir para combatir la ansiedad leve.

¿Por qué causan pérdida de memoria? Bien, estas disminuyen la actividad en partes claves del cerebro, como aquellas involucradas en la transferencia de acontecimientos de la memoria de corto plazo a la memoria de largo plazo. Además, muchas de estas pastillas también reducen los niveles de colesterol en sangre. Esto puede afectar la memoria y otros procesos mentales, ya que a la vez disminuyen los niveles de colesterol en el cerebro. En el cerebro, estos lípidos son esenciales para la formación de conexiones entre las neuronas; los vínculos que subyacen a la memoria y el aprendizaje (el cerebro, de hecho, contiene un cuarto del colesterol de todo el organismo) (Dr. Armon B. Neel Jr., 2016). 

En definitiva, las drogas afectan negativamente al cerebro y, con ello, a funciones cognitivas como la memoria.

Ver las imágenes de origen

Bibliografía

Arana, J. M., Blanco, C., Meilán, J. J., Pérez, E., Carro, J., & Gordillo, F. (2011). Impacto del policonsumo de drogas sobre varias medidas de memoria prospectiva en una muestra de estudiantes universitarios. Revista Latinoamericana de Psicología, 43(2), 229-241.

Berjano, R. M., Foguet, J. B., García, M. S., & González, A. C. (1998). El consumo de tabaco, alcohol y otras drogas en los adolescentes escolarizados españoles. Gaceta Sanitaria, 12(6), 263-271.

Fernández, G. G., Rodríguez, O. G., & Villa, R. S. (2011). Neuropsicología y adicción a drogas. Papeles del psicólogo, 32(2), 159-165.

Huerta Rivas, Alejandra, Cruz Martín del Campo Silvia, (2011). Adicciones y memoria. Medigraphic, Vol. VI Número 2-2011: 69-77.

Pantoja, M. Á. V., Castillo, M. M. A., Torres, R. A. B., & Facundo, F. R. G. (2013). Consumo de alcohol y funciones ejecutivas en adolescentes: una revisión sistemática. Aquichan, 13(2), 234-246.

EL FENÓMENO DEL DÉJÀ VU

En el presente post vamos a hablar de un tema fascinante, a veces perturbador, pero difícil de tratar; la curiosidad, el interés y las vivencias en primera persona llevaron a optar por examinar esta (quizás) ilusión mental que ha intrigado a varios estudiosos desde los primeros filósofos, hasta los neurólogos y psicólogos actuales. Sin embargo, aún existen muchas perplejidades y dificultades en la búsqueda de evidencia empírica, ya que, dada la particularidad de un fenómeno tan esquivo y esporádico, los episodios no pueden ser replicados en el laboratorio y por lo tanto no son directamente observables. 

Déjà vu es un término francés acuñado por Émile Boirac (1851-1917) en su libro L’Avenir des Sciences Psychiques (The Future of Psychic Sciences), y significa «ya visto». Es un término que se utiliza para definir ciertas experiencias precognitivas, es decir, el individuo ya siente que va a suceder a continuación, y lo hace. Una característica importante de este fenómeno es que el déjà vu se experimenta mientras sucede un evento, no antes. Las experiencias precognitivas en cambio, si son reales, muestras cosas que sucederán en un futuro, no vivencias reales. Se podría decir que este fenómeno es una experiencia que casi siempre es fugaz y breve, que ocurre en previo aviso y se produce al azar. En el idioma coloquial es usado indiscriminadamente para referirse a eventos y experiencias. De una manera más técnica y profesional, se refiere a la desconcertante sensación de que lo que uno está viviendo ya ha ocurrido antes cuando, de hecho, no lo ha hecho.

El déjà vu es un fenómeno ampliamente experimentado por las personas. Se ha encontrado en aproximadamente el 96% de la población (Sno & Linszen, 1990), y aún así, su incidencia entre los adultos es igual al 65% y entre los estudiantes es aún mayor, igual a 79% (ver Brown, 2004; Funkhouser 2009). Sin embargo, carece de cualquier elemento identificable que pueda provocar una respuesta conductual verificable, lagunas que han causado impedimentos a la investigación científica.

Claramente, el déjà vu no es siempre algo patológico. Como norma, es una experiencia transitoria, libre de síntomas asociados. Sin embargo, muchos autores han descrito una forma de déjà vu “patológica” que podría apuntar a un problema neurológico. Primero, el déjà vu es a veces un síntoma de epilepsia en el lóbulo temporal. Hughlings-Jackson reconoció esta asociación, identificando el déjà vu y memorias alucinatorias como la clave del “estado soñador” que acompaña a las convulsiones del lóbulo temporal (Jackson, 1888). 

Con la condición de que el déjà vu epiléptico es de mayor duración y ocurre con mayor frecuencia, la experiencia en sí es muy similar tanto en la forma patológica y la “normal”; el déjà vu patológico se distingue, principalmente, por sus características asociadas (Neppe, 1983). Así, el déjà vu epiléptico es más probable de vaya acompañado de síntomas de disociación, como la despersonalización y la desrealización, por emoción fuerte, particularmente miedo, y por sensaciones físicas como un aura epigástrica o alucinaciones olfativas (Neppe, 1983).

Aunque la experiencia del síncope a menudo va acompañada de alucinaciones visuales y auditivas similares a los sueños, y una sensación de desprendimiento a veces que equivale a una experiencia fuera del cuerpo, el déjà vu parece ser muy poco común (Lempert et al. 1994; Benke et al. 1997). Sin embargo, la evidencia anecdótica sugiere que un déjà vu puede ocurrir en el contexto de presíncope muy ocasionalmente. 

En segundo lugar, el déjà vu tiene un amplio diagnóstico diferencial psiquiátrico. De hecho, puede ocurrir prominentemente en la mayoría de los trastornos psiquiátricos importantes, incluyendo ansiedad, depresión, trastornos disociativos y esquizofrenia (Richardson & Winokur 1967). Una vez más, es probable que el contexto clínico, más que cualquier peculiaridad de la experiencia del propio déjà vu, sugiera el diagnóstico. Esto subraya la importancia de intentar al menos una evaluación psiquiátrica básica en pacientes que asisten a clínicas de neurología. El valor de las características asociadas con déjà vu epiléptico (frecuencia, duración y síntomas asociados) al distinguir lo «epiléptico» de la déjà vu ‘psiquiátrica’ es incierto.

En resumen, ‘déjà vu’ es un término ambiguo. El  déjà vu “verdadero” es un evento común, pero el mismo fenómeno puede ser síntoma de epilepsia del lóbulo temporal o de un trastorno psiquiátrico. Si es así, sus orígenes suelen ser traicionados por los síntomas neurológicos que lo acompañan. 

BIBLIOGRAFÍA

  • Bartolomei, F. et. al. (2012). Rhinal–hippocampal interactions during déjà vu. ELSEVIER, 123(3), 1.   
  •  D. Luis M Labath, Ex Director Médico del Hospital José M. Cullen (2015) Explicaciones científicas del Déjà vu. Psyciencia. 
  • Farina, B., & Liotti, G. (1999). IL DÉJÀ VU e LA COSCIENZA (1a edición 1999 ed., Vol. 1). Serie di psicologia. 
  • Univerdità degli Studi di Parma, Monacelli, N. M., & Marenzi, E. M. (2013-2014). Id déjà vu: una rassegna del fenomeno (N.o 41). Laurea I ciclo (triennale).

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar